La cigarra y la hormiga

15/06/2013 | Por Cristina López G.*

na de las narraciones atribuidas al rockstar de la fábula, el griego Esopo, cuenta la historia de una cigarra que se pasa el verano cantando bajo el sol mientras su vecina, la laboriosa hormiga se dedica a aprovechar el buen clima y la época de abundancia para ir llenando su nido, con mucho esfuerzo y trabajo. Predeciblemente, con la llegada del infierno, la escasez y la penuria, a la cigarra se le acaban las ganas de cantar de la pura hambre, ya que no tiene nada qué comer. La hormiga, en cambio, está hibernando a sus anchas, disfrutando los frutos de su trabajo.

La versión original de Esopo (a diferencia de otras adaptaciones infantiles) es cruel y realista: la cigarra muere de hambre y frío, pues la moraleja busca dejar como enseñanza que la pereza y la falta de diligencia se pagan caro, a la vez que resalta la importancia de la previsión, la laboriosidad y el ahorro.

La fábula viene al caso a propósito de la coyuntura que envuelve al sistema de pensiones salvadoreño, que desde 1998 responde al modelo de capitalización individual, muy parecido al que en Chile impulsara el brillante economista José Piñera. Aunque con mucho potencial para mejorar, el sistema asegura a cada trabajador asalariado un mínimo personal, que no depende de nadie más que del que lo trabaja y de la buena inversión que la administración de fondos de pensiones elegida haga de él. Lo anterior no es poco: es un lujo del que no pueden presumir sistemas como la seguridad social estadounidense, en que los cambios demográficos comienzan a poner en peligro las pensiones de una generación de retirados mucho más grande que la generación de trabajadores que debe pagarles las pensiones, reduciendo la cantidad que podrían ahorrar para sus propios retiros.

Ahora, por decreto y de manera arbitraria, se amenaza con poner en peligro la buena inversión de los fondos de pensiones de millones de trabajadores salvadoreños. Se pretende que los fondos sirvan para comprar bonos basura que salvarían la falta de liquidez de una fracasada cartera del Estado como lo es FONAVIPO (Fondo Nacional de Vivienda Popular), con pésimo puntaje según las calificadoras de riesgo.

Esta amenaza que pende sobre los fondos de pensiones en El Salvador parece una adaptación de la clásica fábula de la cigarra y la hormiga. La única diferencia es que en este caso la cigarra, en vez de tener que sufrir las consecuencias de sus actos, puede por la fuerza gozar de los frutos del trabajo, esfuerzo y previsión de la hormiga. Al cambiar de esta manera la narrativa, también la moraleja termina siendo distinta pues, ¿qué incentivo tendrán las personas para esforzarse, prever para el futuro, declarar su sueldo real, si el gobierno en cualquier momento puede decidir hacer uso de este esfuerzo para costear las consecuencias de sus propias imprevisiones, faltas de liquidez, malas administraciones y holgazanerías?

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg;

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